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No pierdas nunca tu capacidad para asombrarte. Hola qué quizá no conozcas.
No se me ocurre algo más susceptible de haber sufrido cambios a lo largo de la historia que las fronteras de Europa. Lo cierto es que, solamente en el último siglo, han variado infinidad de veces y por desgracia además, con un alto coste en vidas la mayoría de ellas.
Podemos hacer el ejercicio de recordar viejas fronteras y superponer los mapas de la Europa de 1914 y de 1937 sobre un mapa de Europa con las fronteras actuales y, de un vistazo, comprobar cómo se ha modificado el escenario geopolítico desde cada uno de esos momentos.
Vamos allá, pero antes de pasar a los mapas, un detalle. Ambos mapas contienen un pequeño error fronterizo atribuyendo Olivenza a Portugal. Lo cierto es que el municipio extremeño fue portugués durante cinco siglos y pasó a pertenecer a España en 1801, tras la Guerra de las Naranjas y en virtud del Tratado de Badajoz, por lo que en ambos mapas (fronteras actuales) debería aparecer cómo parte de España. Dicho lo cual, vamos allá.

1914

Europa de 1914 superpuesta sobre la Europa actual. Nótese que aunque Serbia, Albania, Bulgaria y Rumanía presentan el mismo color, eran ya en 1914, estados independientes.

1914 hubiese sido un año ideal para un alumno que no tuviese muchas ganas de aprenderse las naciones de Europa y sus capitales. Básicamente una docena de naciones e Imperios formaban el continente, eso sí las tensiones políticas, pactos y alianzas hacían de Europa un auténtico polvorín que, de hecho, estaba apunto de estallar.

Recordemos que en la segunda mitad del siglo XIX se consolidó la Europa de las naciones. Con la unificación política italiana impulsada desde Cerdeña-Piamonte y la unidad alemana, cuyo agente catalizador fue la Prusia de Bismarck (que obtuvo nuevos territorios tras la guerra contra Dinamarca, Austria y Francia) el mapa de Europa cambió considerablemente.
El Imperio Ruso se asienta obteniendo el control del Cáucaso y el Imperio Otomano se enfrenta con las nacionalidades balcánicas comenzando un declive que lo despedazará tras la Primera Guerra Mundial. Mientras Europa cambia, afirma su poder y su influencia a nivel mundial. Pero dentro del continente, los vecinos no se encuentran cómodos.
Los antagonismos de principios del siglo XX tejen una maraña de complejas alianzas entre los estados. La Triple Alianza formada por los imperios centrales de carácter autocrático: el Imperio alemán, el austrohúngaro, el Imperio Otomano, Italia (que cambió de bando en 1915) y Bulgaria, tiene frente a ella a la Triple Entente formada por el Imperio Británico, Francia, Rusia (dos regímenes parlamentarios y la autocracia zarista). El final de estas tensiones es bien sabido: 1914 trae la Gran Guerra.
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Mapas superpuestos II
Tras la guerra las fronteras se transfiguraron. Implosionaron los imperios austrohúngaro, otomano y ruso, Polonia resucitó, Hungría perdió dos tercios de territorio; nacieron los estados de Irlanda, Estonia, Letonia y Lituania, Checoslovaquia, Ucrania, Armenia, Georgia y Azerbaiyán y el Reino de Yugoslavia. Y, más o menos así se llegó a 1937.

1937

Europa de 1937 superpuesta sobre la Europa actual.
España presenta dos tonalidades pertenecientes a cada uno de los bandos enfrentados en la Guerra Civil.

La victoria de los aliados de la Entente en 1918 se presenta como una victoria de la democracia. La guerra provoca, como hemos visto, el hundimiento de los grandes imperios autocráticos. La revolución derroca al zar ruso y al káiser alemán. Las naciones del Imperio Austrohúngaro se emancipan y adoptan constituciones democráticas. Parece un triunfo del derecho sobre la fuerza: en 1919 todos los países europeos salvo Hungría y Rusia tienen regímenes formalmente democráticos. En 1939 estos han quedado reducidos a los países de Europa occidental (salvo España y Portugal) y Escandinavia. En todos los estados se constituyen grupos fascistas pero en Italia y Alemania llegan al poder. Esto provocará una nueva guerra y un nuevo cambio masivo de fronteras. La débil Polonia de 1937 pronto desaparecerá engullida por Alemania y la URSS, sus dos grandes potencias vecinas. Volverán a desaparecer Estonia, Letonia y Lituania.
Lo cierto es que el mapa fronterizo de 1937 de la Europa Occidental es muy similar al actual: Italia y Alemania perderán territorios en sus regiones orientales y España verá reducido su territorio del norte de África a las ciudades de Ceuta y Melilla. El verdadero cambio se dará en la Europa Oriental: la unificación de Yugoslavia no durará ni 50 años y las repúblicas soviéticas ganarán terreno hacia el oeste. Nótese, por ejemplo el motivo de que Transnistria sea, de facto un país independiente de Moldavia. Con sus respectivos desmembramientos Europa tiene hoy el mayor número de países de su historia, y a pesar de lo cual vive su periodo de paz más largo.

Mapas vía Reddit & Reddit
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Mientras viajaba a través de los territorios soviéticos, el fotógrafo Danila Tkachenko esperaba días o semanas por la cantidad de nieve adecuada para la fotografía. Todo para captar la perfecta visión de antiguos vestigios de la era soviética como instalaciones aeroespaciales, vehículos militares olvidados o vetustos edificios abandonados. En palabras de Danila: «La envoltura blanca crea una atmósfera especial en las fotografías, una especie de luz muy difusa». Las siguientes imágenes pertenecen a su su obra llamada «Áreas restringidas».

1. Un avión anfibio

Avión anfibio en la nieve

Un Bartini Beriev VVA-14, el avión anfibio de despegue vertical desarrollado por la Unión Soviética durante la década de 1970 para la guerra antisubmarina. Esta aeronave fue diseñada para ser capaz de despegar desde el agua y volar largas distancias a gran velocidad. Podía realizar vuelos a gran altura, pero combinando esta capacidad con la de vuelo a ras de la superficie del mar, utilizando el llamado «efecto suelo», al igual que los Ekranoplanos. Sólo se construyeron dos unidades y la única de las naves que queda es la VVA-14,  N19172 que se encuentra, muy deteriorada, en el Museo de la Fuerza Aérea de Rusia en Monino desde 1987.

2. Un puerto espacial inconcluso

Puerto espacial en la nieve

Huella de la vertiginosa carrera espacial, un puerto espacial nunca terminado en Kazajstán, cerca del cosmódromo de Baikonur, de donde Yuri Gagarin partió en el primer vuelo espacial tripulado en 1961, se erige abandonado a la espera de una segunda oportunidad. Más abandonos cosmonáuticos.


3. Un salón de congresos

Salón de Congresos en la nieve

La antigua sala de congresos soviéticos del partido comunista construida en la cima del monte Buzludzha, Bulgaria. El edificio se construyó en 1981 en honor al «Congreso Buzludzha» celebrado en este mismo lugar en 1891 por Dimitar Blagoev y su partido socialdemócrata búlgaro. Tras la caída del gobierno socialista de Todor Zhivkov, los cambios políticos en Bulgaria desde noviembre de 1989 el monumento fue abandonado y sufrió un deterioro progresivo ante la falta de conservación por parte del Estado Búlgaro, apenas veinte años después de su inauguración.


4. El sumbarino diesel más grande del mundo

Submarino en la nieve

El Museo tecnológico de AvtoVAZ en Tolyatti, Rusia guarda el submarino diesel más grande del mundo, el B-307. Con una longitud de 91 metros, una altura aproximada de un edificio de cinco pisos y 2.000 toneladas de peso, las 18 unidades construidas en los astilleros de Gorky desde 1979 se convirtieron en las unidades submarinas convencionales más colosales bajo el mar. De los 18 fabricados la marina rusa mantiene uno activo y tres en museos, el resto han sido desmantelados.


5. Un observatorio

Observatorio en la nieve

En las montañas, cerca de Almaty, Kazajstán, se alza un observatorio de la era soviética. Considerado un día un lugar privilegiado para la observación celestial, yace ahora abandonado. Al llegar a estos lugares, Tkachenko dice que siempre se siempre se siente «algo asustado», o al menos no muy cómodo, aunque al mismo tiempo le invada la curiosidad.«Es como si de repente me encontrase en otro planeta observando los restos de alguna antigua civilización extinta».


6. Antenas troposféricas

Antenas troposféricas en la nieve

En los años 50 se descubrió, sobre la base de la tecnología radar, que la parte alta de la troposfera, allá donde esta se separa de la estratosfera y que se denomina tropopausa, podía ser usada para hacer rebotar ondas electromagnéticas en ella y por tanto podía ser usada para salvar la curvatura de la tierra estableciendo comunicaciones entre dos puntos, aunque estos se encontrasen fuera del alcance visual directo. El norte de la URSS se llenó entonces de decenas de antenas troposféricas como las de la imagen, un tipo de tecnología que, con los satélites se ha vuelto obsoleta. Más información.


7. Los restos de un naufragio en el Volga

Naufragio en la nieve

El barco turístico «Bulgaria», zarpó en julio de 2011, con 201 personas a bordo, de la ciudad de Bolgar con rumbo a la capital tártara de Kazán, en lo que debería haber sido un placentero viaje por el Volga. A medio viaje naufragó en medio de una tormenta. Murieron 122 personas siendo la hipótesis principal del desastre que el hundimiento se debió al deplorable estado técnico de la embarcación, construida en 1955. Un mes después de la tragedia, el barco fue reflotado y remolcado hasta un dique de la localidad de Kuibishevski Zatón, donde permanece abandonado.


8. Una antena para comunicaciones por satélite

Antena espacial en la nieve

Una gran antena se erige dentro del complejo para la comunicación interplanetaria. Bajo ella un centro de mando subterráneo de dos pisos. La tarea principal de este centro de comunicación era el monitoreo y control de una serie de vehículos espaciales del pionero programa espacial soviético. Entre ellos, el del primer satélite del mundo, el del primer vuelo espacial tripulado, el vuelo de la primera mujer cosmonauta, la primera caminata espacial y la primera transmisión de una imagen en color utilizando satélites artificiales.
Todos los equipos e infraestructuras dentro del complejo, así como los archivos han quedado abandonados. El bunker subterráneo cuenta con una sala de control, así como trasteros y cuartos de estar. Todavía puede verse ropa colgada de las perchas y viejos electrodomésticos polvorientos dando la impresión de que en cualquier momento volverán los técnicos y militares para seguir operando la máquinaria. Más información e imágenes.

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 “La cámara es un instrumento que enseña a la gente cómo ver sin cámara.”
 Dorothea Lange

Que las cosas no son siempre lo que parecen es algo sabido por todos. Hace un tiempo los incondicionales de este blog pudisteis disfrutar de diez fotografías históricas que eran difíciles de comprender sin un pie de foto aclaratorio. Pues si os quedasteis con ganas de más, y si no tambiénos dejo a continuación otras diez fotografías (más un bonus) que necesitan, de nuevo, una explicación:

1
núcleo de plutonio de la bomba Fat Man

¿Qué parece?
Un joven saliendo de un barracón portando algo en su mano, quizás unas botellas de refrescos o la caja con su almuerzo.

¿Qué es en realidad?
El joven de la imagen es Harold Melvin Agnew, un reconocido físico estadounidense fallecido en 2013 y que, en 1945, cuando fue tomada la fotografía, era uno de los científicos inmersos en el proyecto Manhattan y participantes en la misión Hiroshima, el primer ataque nuclear de la historia (voló en otro avión tras el Enola Gay). Lo que sostiene en la mano es el núcleo de plutonio de la bomba Fat Man, la bomba arrojada sobre Nagasaki tres días después de la de Hiroshima y que fue la causa directa del fallecimiento de 70.000 personas. Una pequeña caja que cambiaría el curso de la historia. [Fuente + Info (donde, por cierto, también explican que hubiese pasado si se le hubiese caido al suelo)].

No pierdas nunca tu capacidad para asombrarte. Hola qué quizá no conozcas.
Habitantes de Sarajevo andando a cubierto en una calle de «muerte fácil». Marzo 1993. Fuente.

«La gente hacía cola para cruzar un espacio abierto. Cuando tu turno llega no puedes dudar, cuanto más esperes más preparado estará el francotirador. Uno, además, quiere separarse del miedo que transpira esa multitud que aguarda. Y corres.»
 Aleksandar Hemon en «La cuestión de Bruno»
El 14 de diciembre de 1995, tal día como hoy de hace 20 años, se firmaba en París la versión final del documento que suponía el fin de la Guerra de Bosnia, uno de los muchos conflictos armados que asolaron la antigua Yugoslavia en la década de los 90. Casi un mes antes, en la base aérea de Wright-Patterson (EEUU), Croacia, Yugoslavia y Bosnia-Herzegovina habían firmado los Acuerdos de Dayton por los que se ponía fin a la cruel guerra civil que había despedazado la República Federal Socialista de Yugoslavia. El enfrentamiento bélico, causado por una compleja combinación de factores políticos, históricos y religiosos, siguió al final de la guerra fría y a la caída del comunismo de Yugoslavia, en lo que supuso el primer gran conflicto bélico en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Años antes, en febrero de 1992, los habitantes de la República socialista de Bosnia y Herzegovina decidieron, en referéndum y pese al boicot por parte de los serbobosnios, su independencia de la República Federal Socialista de Yugoslavia. La sección del Ejército Popular Yugoslavo ubicada en Bosnia-Herzegovina jura entonces fidelidad al nuevo estado, organizándose en el Ejército de la República Bosnia-Herzegovina (ARBiH), La numerosa comunidad serbia de Bosnia forma, por su parte, el Ejército de la República Srpska (VRS). Éste nuevo ejército, junto con el Ejército Popular Yugoslavo (JNA), se sitúa en las colinas que rodean la ciudad de Sarajevo. Con las posiciones tomadas, el asedio más largo que hoy recuerda Europa estaba a punto de comenzar.

Aquel 5 de abril de 1992, día de la declaración de independencia, una gran masa se manifestó en Sarajevo contra lo que parecía una guerra inminente, pero que aún se consideraba evitable. Al final de la marcha, hombres armados abrieron fuego contra la multitud desde la sede del Partido Democrático Serbio y mataron a dos personas. A pesar de que este momento se toma como inicio de la guerra, lo cierto es que en los meses anteriores ya había habido enfrentamientos y ambos bandos afirman que la primera víctima cayó de su lado. Pronto esos disparos darían paso a los proyectiles de artillería lanzados desde las colinas y a las balas de los francotiradores [aviso: contenido sensible].

Cartel advirtiendo del peligro de francotiradores en un cruce de la calle Mariscal Tito. Fuente.

Un cartel clavado en una farola de una calle de la parte vieja de la capital, avisa: «¡Peligro, francotiradores! (pazi snajper!)». Había decenas de avisos como éste en las más de cuarenta zonas de «muerte fácil» de Sarajevo. Los francotiradores liquidaban a la gente con precisos fusiles Dragunov o Mauser de cerrojo, equipados con avanzadas miras telescópicas japonesas o alemanas, convirtiendo la ciudad en su particular coto de caza.

Sniper Alley, Sarajevo
Vista de Sarajevo durante la guerra. A la derecha el río Miljacka, a la izquierda la avenida Mese Selimovica. Fuente.

Los habitantes de la ciudad arriesgaban su vida diariamente si se veían forzados a cruzar el bulevar principal de la ciudad o alguna de las calles cercanas, que, a partir de las primeras muertes empezó a conocerse en Bosnia y en el mundo como la «Sniper Alley, Sniper Avenue o Avenida de los Francotiradores» (en bosnio: «Snajperska aleja»). Comenzó entonces un simulacro de vida en la ciudad cercada. 

BBC News. Mapa del sitio de Sarajevo. Zonas bajo control Bosnia y Serbobosnia.

El nombre real de la avenida es Mese Selimovica, una céntrica calle de Sarajevo, cerca del río Miljacka, cuyas proximidades fueron tomadas al inicio de la guerra por francotiradores serbios que disparaban a cualquier persona, fuese civil o militar, que pasara por allí. Escondidos en edificios de gran altura, hombres armados abren fuego indiscriminado contra los transeúntes desde la orilla serbia del Miljacka: hombres, mujeres, niños [aviso: contenido sensible], bomberos, fuerzas de paz de la ONU y soldados del ARBiH fueron asesinados. El día a día se convirtió en correr de una acera a la siguiente sin saber si llegarías con vida. En una de las fotografías de Roger M. Richards sobre el asedio, se ve a una mujer con traje y bolso corriendo por la calle: así era como iba cada mañana hasta la oficina donde trabajaba.

Holiday Inn en plena «avenida de los francotiradores». Fuente.

Con la llegada de las tropas de la ONU a mediados de 1992 los habitantes creyeron que el infierno iba a llegar a su fin. Nada más lejos. La UNPROFOR, creada por la ONU como fuerza de paz para la guerras yugoslavas, llegó dos meses después del inicio del asedio entre aplausos de los habitantes de la ciudad. Era difícil de aceptar que una capital europea, que había sido sede de unos Juegos Olímpicos de Invierno ocho años antes, pudiese llevar cercada más de dos meses ante la inoperancia y la pasividad de políticos y diplomáticos del resto del mundo. Nadie en sus cabales podría imaginar que aquella situación duraría tres años y medio.
Los cascos azules franceses que protegían a la población civil respondían con fuego cada agresión. «Cada vez que actúan los francotiradores contestamos con una o dos ráfagas de nuestra ametralladora de 20 milímetros» explicaba la oficial Miriam Souchaki, portavoz de las tropas francesas en Sarajevo. Tampoco ellos escapaban de las balas.

Tropas de la UNPROFOR en las inmediaciones de la avenida Mese Selimovica. Wikimedia.

Cruzando la calle en pequeños grupos escudados por la UNPROFOR, 1993. Fuente.

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Abril de 1993, una mujer vuelve a casa a través de una de las secciones más peligrosa de la avenida Mese Selimovica.

Los francotiradores no son la única preocupación de la gente pero sí su peor pesadilla. Están ahí desde el primer día de la guerra y, tras la masacre del mercado [aviso: contenido sensible], de febrero de 1994, la artillería que rodea la ciudad se ha retirado, únicamente debido a la exigencia de la comunidad internacional, que amenazó con bombardeos aéreos de la OTAN sobre sus posiciones si no lo hacían. Han esperado al último día del plazo.

«El miedo es como una bola de acero que te muele las tripas. La sangre te palpita en las sienes. Los ojos apenas ven un par de metros adelante. El silbido de las balas te sigue detrás. Y cuando llegas al otro lado, el nivel de adrenalina es tan intenso que te hace ver todo con extrema claridad. Y es cuando no entiendes nada.»
 Aleksandar Hemon en el libro «La cuestión de Bruno».


La retirada de la artillería serbia de las montañas fue el inicio del fin de la guerra y supuso un respiro para los habitantes de Sarajevo. La guerra continuó durante la mayor parte de 1995. Ese año los serbobosnios comenzaron una campaña sistemática de ataques a «zonas seguras», lo que puso a las fuerzas de la ONU en su contra. Después de la segunda masacre de Markale y cuando las fuerzas serbias irrumpieron en un almacén de armas supervisado por la ONU, la aviación de la OTAN atacó depósitos de municiones serbios y otros objetivos militares estratégicos. Los serbios fueron perdiendo terreno tanto en las inmediaciones de Sarajevo como en otras zonas. La ciudad fue recuperando poco a poco los servicios básicos de electricidad y agua.

Aunque a finales de ese año se firmó un alto el fuego, el Gobierno de Bosnia no declaró oficialmente el fin del sitio de Sarajevo hasta el 29 de febrero de 1996, cuando las fuerzas serbias abandonaron sus posiciones en los alrededores de la ciudad.

1 chair, 1 soul
En 2012, 20 años después del inicio del conflicto, 11.541 sillas rojas, una por cada víctima del asedio de Sarajevo conmemoraron aquel drama. Fuente.

El asedio de Sarajevo fue uno de los más terribles, crueles y recordados episodios de la guerra de Bosnia. Duró 1425 días, 630 más que el de Leningrado, y sus consecuencias fueron devastadoras. Se estima que, durante los más de tres años que duraron los enfrentamientos de la hoy capital bosnia, casi 12.000 personas perdieron la vida y 50.000 resultaron heridas, el 85% de las bajas fueron civiles, y su población se redujo más de un tercio.

Para saber más:
► Informe Semanal - 20 años de la guerra de Bosnia (15:16) [aviso: contenido sensible]

Fuentes: mediavida, el país, wikipedia I, II, III, IV, V, clarín, BBC, heraldo.
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Padre e hijo disfrutando de una tranquila mañana de domingo sin miedo a ser atropellados. Fuente.

El 23 de agosto de 1973 sucedió algo que tambaleó los cimientos de la economía mundial. Los países árabes que formaban la OPEP tomaron la radical decisión de no exportar más petróleo a los estados que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kippur. Esta medida ponía fin a una era de petróleo abundante y barato e iba a traer muchos cambios: en temas energéticos ya nada volvería a ser igual.
Al embargo, que provocó escasez de combustible, especialmente en EEUU y los Países Bajos, se sumó el alza de los precios del petróleo provocando una considerable ralentización del crecimiento económico en los países desarrolladas, no vista desde la Segunda Guerra Mundial. España, por ejemplo, registró un descenso de 0,2% en su Producto Interior Bruto en el primer trimestre de 1975 (en 1974 el PIB había aumentado un 5,6, por ponerlo en perspectiva) y el índice de precios de consumo se disparó un 18,8% en enero de 1975, en comparación con el mismo mes de 1974.

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Pasado el mediodía del sábado 9 de julio de 1976 se produjo una ruptura en un reactor de la planta Icmesa (Industrie Chimiche Meda Società) en la localidad italiana de Seveso, a medio camino entre Milán y el lago Como. Unas tres toneladas de substancias tóxicas –principalmente una dioxina denominada TCDDformaron una nube que devastaría más de 1.800 hectáreas de terreno. La tetraclorodibenzodioxina o TCDD era el ingrediente activo de un defoliante usado, con efectos devastadores, por las fuerzas estadounidenses en la guerra de Vietnam, también conocido como agente naranja.



La falta de comunicación entre empresa y autoridades hizo que transcurriesen diez días antes de que el gobierno regional declarara el área de Seveso contaminada por dioxina. Mientras tanto el gas iba ampliando su radio de acción y alcanzando nuevas víctimas, algunas incluso entre los periodistas que llegaron a cubrir la información y cuando finalmente se reaccionó era demasiado tarde. Muchas personas estaban ya en el hospital afectados por el gas, con la cara cubierta con máscaras de gasa que ocultaban los terribles desórdenes de la piel que dejarían a muchos de ellos con cicatrices para toda la vida. Cuando la verdad salió totalmente a la luz 11.000 habitantes del pueblo huyeron de sus casas abandonando sus pertenencias, entre las que estaban unos 40.000 animales de granja,  a los efectos de la nube de veneno. Un espectral silencio invadió entonces la que más tarde fue llamada Zona A de la catástrofe, la localidad de Seveso.


Unas 37.000 personas resultaron directamente afectadas por enfermedades de la piel, malformaciones en los fetos y toda una serie de secuelas que se fueron produciendo en los años posteriores. Los cultivos quedaron inservibles para el consumo, mas de 3.000 animales perecieron y hubo que sacrificar otros 80.000 para evitar que la toxina entrara en la cadena alimentaria.


Investigaciones posteriores concluyeron que la causa principal del accidente fue una reacción exotérmica (paso de estado líquido a gaseoso con desprendimiento de calor) incontrolada en el tanque de triclorofenol, probablemente debido a haberlo dejado desde la tarde anterior sin refrigeración y sin agitación.


Los directivos de Roche (propietaria de Icmesa) han afirmado hasta el día de hoy que el efecto que produjo la catástrofe de Seveso, esto es, el recalentamiento en el interior del tanque de triclorofenol, era imprevisible por aquel entonces, cuando apenas se conocían la reacciones accidentales de este producto intermedio. Esta excusa constituyó la base de su defensa ante las autoridades civiles y los tribunales de justicia italianos. Sin embargo, otros especialistas argumentan que sí existía una literatura científica entre 1971 y 1974, en la que se incluirían las descripciones de otros accidentes con triclorofenol, siendo el más importante el de Missouri, en Estados Unidos, a principios de los setenta. También se conocían las condiciones bajo las que podría producirse una reacción exotérmica descontrolada. Sin embargo, atendiendo a las explicaciones de los directores técnicos de Icmesa, la comisión que se encargó de investigar las causas del accidente concluyó que era imposible haber previsto este hecho.



Esto no evitó que Roche tuviera que hacer frente a cuantiosas indemnizaciones. Entre indemnizaciones y gastos, los desembolsos de la farmaceútica suiza alcanzaron los 300 millones de francos suizos. Sólo dos empleados de Icmesa fueron condenados a 1,5 y 2 años de prisión condicional como responsables del accidente.
Tras el accidente los entonces diez países miembros de la Comunidad Europea acordaron nuevas reglas de seguridad para las plantas industriales que utilizaran elementos peligrosos en 1982, mediante la llamada Directiva 82/501/EEC o "Directiva Seveso". Los efectos de la dioxina en el suelo persisten todavía hoy.

Si te interesa el tema: I, II, III.

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En 1963, el ingeniero francés Jean Bertin presentó en París a los poderes públicos y a la SNCF (Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses) un modelo a escala 1/12 de un tren revolucionario que flotando sobre un colchón de aire conseguiría minimizar la fricción y permitiría alcanzar una velocidad sin precedentes. El vehículo, en aquel momento tan solo una idea sobre el papel, había sido bautizado por el propio Bertin como Aérotrain.
La mayor innovación consistía en inyectar aire bajo la estructura del tren, para hacer que se elevara sobre su sistema conductor que no era sino una vía en forma de «T invertida» construida en hormigón. El tren lograría superar holgadamente los 200 km/h, una velocidad considerable para la época; no hay que olvidar que en década de los 60, difícilmente un tren podía superar una velocidad de 150 km/h.


La primera versión experimental del Aérotrain era la de un prototipo de 10 metros de largo y 2,6 toneladas que logró alcanzar una velocidad máxima de 200 km/h en sobre una pista de hormigón de 6,7 kilometros especialmente construida para las pruebas del innovador vehículo entre las localidades de Gometz-la-Ville y Limours, a las afueras de Paris.
El primer modelo de aerotrén de Bertin era propulsado por un motor a hélice de avión montado sobre el cuerpo aerodinámico del vehículo; tras diversas experiencias el 4 de diciembre de 1967 el modelo de Aérotrain AE 01 alcanzó una velocidad de 345 km/h siendo impulsado por un turborreactor. El prototipo AE 02 sirvió para experimentar con altas velocidades y alcanzó 422 km/h el 22 de enero de 1969.


Gracias a estos buenos resultados, la empresa de ingeniería de Bertin obtuvo el beneplácito (y los fondos necesarios) de gobierno francés para construir un carril de hormigón más largo y un Aerotrain mayor y más potente. En Julio de 1969, se contruyó un carril de 20 kilometros en el norte de Orleans que podría ampliarse en el futuro para crear una línea París-Orleans. El proyecto parecía ir viento en popa.
Se construyó una nueva versión del Aerotrain, el I-80, que incluía 80 asientos y circulaba a 250 km/h y que posteriormente fue modificado para lograr una velocidad máxima de 400 km/h. Casi 3.000 personas viajaron en el I-80 durante el periodo de pruebas.





El objetivo del Aérotrain era similar al del tren de levitación magnética: suspender el tren por encima de las vías para minimizar la fricción. Y cumplió su objetivo. El Aérotrain podía viajar a velocidades muy altas con un razonable consumo de energía y niveles bajos de ruido, pero sin la complejidad técnica y caras pistas de levitación magnética. El 5 de marzo de 1974 logró el récord de velocidad para este tipo de trenes con 430.4 km/h. Ese año, el gobierno francés cerró un acuerdo con Jean Bertin para construir una línea comercial entre Cergy y La Défense en lo que parecía el último empujón para crear una verdadera línea de pasajeros. Pero en julio de 1974, el nuevo presidente francés, Valéry Giscard d'Estaing, decidió cancelar este contrato en beneficio de un nuevo modelo de tren: el TGV (Tren de Alta Velocidad). Un durísimo golpe para Jean Bertin, que tras años de duro trabajo, murió de cáncer de finales de 1975.


Desgraciadamente las circunstancias marcaron el final de su corta vida y el proyecto fue abandonado definitivamente en 1977. La falta de financiación, la muerte de Jean Bertin, y la adopción de TGV por el gobierno francés como solución al transporte terrestre fueron demasiado para el tren del futuro.
Varios prototipos del Aerotrain ente los que estaba el único vehículo modelo I-80, quedaron abandonados en su depósito de la línea de pruebas de Chevilly. Un incendio, el 22 de marzo de 1992, los destruyó. Los Aérotrains experimentales AE 01 y AE 02 son los únicos supervivientes y son hoy piezas de museo expuestos en su hangar de Saran y haciendo apariciones en salones del automóvil y distintos museos de tecnología y ferrocarril de Europa.


En 2002 el artista francés Vincent Lamouroux construyó su «tren» particular, un artilugio al que llamó pentaciclo, para poder viajar a lo largo del vetusto y abandonado raíl del otrora magnífico Aérotrain. El raíl ha sido recientemente desmantelado.